DIÓCESIS ORTODOXAS EN AMÉRICA LATINA


Una breve introducción

Es importante recordar que los cristianos ortodoxos no pertencemos a «jurisdicciones», sino a diócesis. La noción de «jurisdicciones» está mas íntimamente ligada a la pluralidad de denominaciones protestantes en el mundo occidental que a la eclesiología ortodoxa.

La diócesis es la Iglesia local, cuyo principio de unidad es la participación en la santa y divina Eucaristía celebrada por el obispo. Así, pues, dice san Ignacio el Teóforo: «Atended debidamente, por lo tanto, el participar de una sóla Eucaristía—porque hay una sóla carne de nuestro Señor Jesucristo, y una sóla copa para unidad en su sangre; hay un sólo altar, tal como hay un sólo obispo, junto al presbiterio y a los diáconos, mis consiervos—para que todo lo que hagáis, lo hagáis según Dios» (A los Fildelfianos, 4). Y: «Considerad como fidedigna sólo aquella Eucaristía que está bajo el obispo, o bajo alguno encomendado por él. Donde quiera que aparezca el obispo, allí esté el pueblo; tal como donde quiera que está Jesucristo, allí está la Iglesia católica» (A los Esmirneanos, 8). El obispo Kallistos (Ware) de Diokleia escribe sobre estas palabras:

«El principal ícono de la Iglesia para san Ignacio [....] era precisamente este: una mesa; sobre la mesa, un plato con pan y vino; alrededor de la mesa, el obispo, los presbíteros y los diáconos, juntamente con el pueblo santo de Dios, unidos en la celebración de la Eucaristía. [....] Tal es el concepto de san Ignacio sobre la Iglesia y su unidad: la Iglesia es local, una asamblea de todos los fieles en el mismo lugar (epi to auto); la Iglesia es Eucarística, una reunión alrededor del mismo altar para compartir de un mismo y una misma copa; y la Iglesia es jerárquica -- no es cualquier clase de encuentro Eucarístico, sino aquel encuentro Eucarístico que se reúne bajo la presidencia del único obispo local. La unidad de la Iglesia, como el Obispo de Antioquía la concibe, no es meramente un ideal teórico sino una realidad práctica, establecida y hecha visible mediante la participación de cada comunidad local en los santos Misterios. A pesar del rol central ejercido por el obispo, la unidad no es algo impuesto desde afuera por el poder de jurisdicción, sino que es creado desde adentro mediante el acto de recibir la comunión. La Iglesia es sobre todo un organismo Eucarístico, que se convierte sí mismo cuando celebra el sacramento de la Cena del Señor "hasta que él venga" (I Corintios 11:26).» («Strange Yet Familiar: My Journey to the Orthodox Church», en The Inner Kingdom: Volume 1 of the Collected Writings [Crestwood:SVS, 2000], 17).

«Allí está la Iglesia católica»: es decir, la Iglesia local (diócesis) así constituída es la plenitud (καθ' ολόν) de la Iglesia, sin faltarle nada necesario para la salvación.

Uno de los puntos mas importantes de todo lo anterior es que la Iglesia es local, es decir, que incluye a todos los fieles de un mismo lugar. Ya en la antigüedad se cristaliza el principio de un sólo obispo por ciudad, que fluye necesariamente de la noción de la Iglesia local como Iglesia católica, establecida con una sóla Eucaristía bajo un sólo obispo (cfr. Canon VIII del Concilio de Nicea). El Primer Concilio Ecuménico también reconoce la práctica administrativa que surgió naturalmente de estos principios: el conjunto de los obispos de todas las Iglesias locales de una región definida forma un sínodo, presidido por el obispo de la ciudad principal como Metropolitano (cfr. Canon IV). Esta es la norma canónica de la Iglesia, y como indica el memorable Protopresbítero Juan Meyendorff:

«Un sólo obispo en cada comunidad local, un sólo sínodo o concilio en cada provincia—tal es la regla absoluta establecida por los Padres» («One Bishop in One City», en Catholicity and the Church [Crestwood:SVS, 1983], 114).

Ahora bien, ya que esta es la norma canónica y patrística absoluta para la organización de las Iglesias locales (y por tanto, católicas), es materia de lógica irresistible que una Iglesia sólo es canónica si está establecida de acuerdo con esta norma. Sin embargo, es un hecho fehaciente que las Iglesias ortodoxas en Europa Occidental, las Américas y Oceanía no están así establecidas. En vez de Iglesias locales establecidas de acuerdo con el principio territorial, tenemos varias Iglesias locales establecidas en un mismo territorio. Esta situación, aunque temporera y causada por los avatares de la historia, es sin embargo canónicamente inaceptable.

Pero ya que el principio canónico territorial se encuentra en tan lamentable estado, ¿qué debemos buscar entonces al considerar incorporarnos a una de estas Iglesias locales (diócesis)? En primer lugar, que preserven la fe ortodoxa y la práctica de la vida cristiana completamente y sin corrupción—es decir sin innovaciones, tal como las hemos recibido de nuestros antepasados en la fe. En segundo lugar, que su jerarquía se mantenga en plena comunión canónica en los santos Misterios tanto con las santas Iglesias locales establecidas canónicamente, como las unas con las otras: el único mal peor que nuestra irregularísima situación es el cisma. Y recordemos que la unidad de las Iglesias locales en estas tierras no ocurrirá a causa de negociaciones políticas ni de ninguna otra empresa humana, sino que será una obra de Dios en respuesta a nuestro arrepentimiento, y a nuestra celosa fidelidad por «la fe de una vez por todas entregada a los santos» (cfr. San Judas 3).

A continuación encontrará el lector una lista de diócesis ortodoxas en Latinoamérica, clasificadas según los sínodos de los que sus obispos son miembros:

          I. Patriarcado Ecuménico de Constantinopla

             A. Metrópolis de Buenos Aires y Sudamérica
                1. Metropolitano TARASIO
             B. Metrópolis de México, Centroamérica, y las Islas del Caribe
                1. Metropolitano ATENÁGORAS
             C. Eparquía Ortodoxa Ucraniana de América del Sur
                1. Obispo JEREMÍAS

(Nótese que el enlace provisto para la Metrópolis de México ha sido tomado del Internet Archive y no puede ser considerado como página oficial. El mismo ha sido incluido sólo con motivos informativos.)


          II. Patriarcado de Antioquía

             A. Arquidiócesis de Chile
                1. Metropolitano SERGIO
             B. Arquidiócesis de México, Centroamérica, y el Caribe
                1. Metropolitano ANTONIO
             C. Arquidiócesis de Argentina
                1. Metropolitano SILUAN
             D. Arquidiócesis de Brasil
                1. Metropolitano DAMASCENO
                   a. Obispo DEMETRIO, Auxiliar

          III. La Iglesia de Rusia

             A. Diócesis de Argentina y Sudamérica (Parroquias en Brasil)
                1. Metropolitano PLATÓN
             B. Parroquias Patriarcales en Norteamérica
                1. Obispo MERCURIO
                   a. Parroquia en México

          IIIa. La Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero

             A. Diócesis de Buenos Aires y Sudamérica
                1. Sede vacante
             B. Diócesis de San Francisco y Oeste de los EE. UU.
                1. Arzobispo CIRILO
                   a. Monasterio en México

          IV. La Iglesia de Serbia

             A. Diócesis del Este de los EE. UU.
                1. Obispo MITROFÁN
                   a. Parroquias en Argentina
                   b. Parroquia en Brasil
             B. Metrópolis de Nova Gracanica
                1. Obispo LONGINO
                   a. Parroquia en Venezuela
                   b. Parroquia en Argentina

          V. La Iglesia de Rumanía

             A. Arquidiócesis de América y Canadá
                1. Arzobispo NICOLÁS
                   a. Parroquia en Venezuela
                   b. Parroquia en Argentina

          VI. La Iglesia de Polonia

             A. Diócesis de Brasil
                1. Arzobispo CRISÓSTOMO
                   a. Obispo AMBROSIO, Auxiliar

          VII. La Iglesia Ortodoxa en América

             A. Exarcado de México (Página no oficial)
                      1. Obispo ALEJO



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El texto de «Una breve introducción» es © 2004 por Julio Vázquez. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este texto podrá ser reproducida, incorporada a un sistema informático, o transmitida en cualquier otra forma o por cualquier otro medio, sea este electrónico, mecánico, reprográfico, gramofónico, u otro, sin el permiso previo y por escrito del autor.


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